La Brújula despide el año con una edición diferente

feliz año 2021 la brujula

La edición impresa 1.490 del jueves 31 de diciembre tiene la misma apariencia que cualquier semana pero es diferente, como lo ha sido este 2020 que la siguiente generación estudiará en sus libros de texto como “El año del Coronavirus”.

Para ellos –ojalá sea así– este año será un retazo de historia cuajado de datos económicos, políticos y sociales, pero para nosotros ha marcado una línea divisoria.

Por eso en este número, después de 1.490 semanas ofreciendo noticias de Calahorra, la actualidad cede su protagonismo a quienes representan las distintas caras de esta pandemia, comenzando por una persona mayor, Emilio Cascante, 90 años, calagurritano, abuelo de 16 nietos, que desde Pamplona abre esta revista con sus reflexiones sobre 2020.

Nuestros mal llamados héroes, cuya labor nunca será bien compensada, nos cuentan lo que ha supuesto este año para FHC. También lo hace desde la atalaya de la cultura de Calahorra, la asociación Amigos de la Historia, y desde el mundo del Deporte, los “hombres de hierro” del Club Triatlón, sin olvidar, ¡como no! a la Calahorra solidaria, representada por Cáritas.

Sirvan esas pinceladas de cada uno de estos colaboradores para concluir que después de todo, las situaciones más al límite ponen de manifiesto la grandeza del ser humano, y para para dejar atrás este año pensando, como dice Emilio, que “por encima de las nubes, siempre sale el sol”. Feliz año 2021.

 

A continuación la colaboración de EMILIO CASCANTE SALANOVA que abre nuestra edición impresa:

Por encima de las nubes, siempre sale el sol 

En nuestra larga vida hemos pasado por muchas cosas, buenas y malas, pero nunca hubiésemos podido imaginar este desastre mundial mas propio de una película catastrófica que de una realidad que ha golpeado a todos los países del mundo.

Emilio Cascante SalanovaDesde aquel 14 de marzo que nos encerró en casa sin salir ni a la acera durante mas de dos meses hasta hoy todo el día pendientes de la mascarilla, midiendo la distancia, huyendo de los lugares cerrados, desconfiando de los que nos cruzábamos por la calle…

Nos ha cambiado la vida sobre todo a los abuelos empezando por la separación física de hijos, nietos, hermanos y amigos, impidiéndonos hacer algún viajecito, tomarnos un vino, ir al cine… Esas sencillas actividades que aún tenemos ganas de hacer y que son las expansiones que nos podemos permitir por nuestro DNI cargado de señales de STOP por el lumbago, el colesterol, la tensión, el azúcar … Este cambio de vida ha sido especialmente penoso para los mayorazos que dando paseos por el pasillo veíamos esfumarse los pocos días que nos quedan de nuestro horizonte vital que necesariamente tiene que ser breve.

No voy a detallar las cosas que hemos dejado de hacer. Primero, porque son de todos conocidas, ya que las limitaciones han sido generales y segundo, porque es muy deprimente verlas escritas en una triste lista. No es que olvide tanto sufrimiento, tanto fallecido, tanto desgarro al separar los enfermos de sus familias, tanta falta de información veraz, tanto sanitario trabajando sin descanso (tenemos dos hijas médicos), los autónomos y sus economías destrozadas.

 

Aunque personalmente no me encuentro en ninguno de estos grupos hemos sufrido mucho pensando en ellos al ver las calles vacías y cerrarse los establecimientos. Para todos ellos, los que cito y los que no cito, mi respeto y agradecimiento de todo corazón Gracias a Dios soy de naturaleza optimista. Prefiero ser positivo y mirar las cosas que no nos ha robado la pandemia, que también las ha habido.

 

Lo principal, que no nos hemos contagiado, tan peligroso a mi edad. Puntos positivos: con motivo del necesario confinamiento, los abuelos hemos tenido ocasión de ver el cariño de hijos y nietos que se han preocupado de nosotros trayéndonos la compra a casa del supermercado con la lista que les preparábamos que siempre completaban con algún detalle inesperado, y además lo hacían con buena cara y sin quejarse del trabajo que les dábamos.

No nos ha faltado de nada, los supermercados han estado abastecidos. Los transportes han funcionado. No ha habido cortes de electricidad, ni de agua, dos servicios tan importantes en nuestros hogares. Como anécdota os contaré que en los primeros días del confinamiento se nos cegó el desagüe al que vierte la lavadora. ¡Menudo problema, buscar fontanero! El nuestro habitual, cerrado. Al fin encontramos uno que vino vestido de astronauta para no contaminarnos y lo arregló.

 

Otra cosa que ha funcionado, como siempre, es la huerta. Seguro que Los que tenéis la suerte de vivir en mi querida Calahorra habréis tenido las mismas verduras que cada año. El virus maligno no les ha afectado. No hemos podido viajar pero en compensación el teléfono móvil nos ha unido mas que nunca con toda la familia y amigos. Una maravilla vernos en la pantalla del móvil. La hora de vernos y hablarnos ha suplido el contacto directo, que remedio quedaba,. Era la mejor hora del día. Y luego salíamos a aplaudir al balcón a los sanitarios. Ovación muy merecida.

Verdaderamente ha sido un año duro. Ahora, cuando vamos a entrar en el 2021 parece que se vislumbra la solución con la vacuna que está empezando a ponerse en toda España y esto alienta nuestra esperanza.

 Demos gracias al trabajo de investigadores médicos, químicos y farmacéuticos. Han trabajado intensamente y en ellos confiamos. Solo nos queda seguir cumpliendo todas las normas para que este soplo de la Ciencia sea un vendaval que avente esta molécula venenosa que nos ha robado un año en el final de muestra vida y podamos volver a abrazar a los nuestros, que nos hace mucha falta.

Si Calahorra «Prevaleció contra Cartago y Roma» ahora también saldremos adelante porque por encima de las nubes siempre luce el sol.