Los cazadores de Calahorra en la marea naranja

Cazadores Calahorra manifestación 20M
Cazadores de Calahorra se apean del autobús en la calle Serrano para acudir a la manifestación

Miembros de la Sociedad de Cazadores de Calahorra (Socapesca) regresaron satisfechos de su participación en la manifestación del «20M Rural» en la que fueron una gota que, unida a otras muchas, formó una gran marea naranja. Ésta se sumó a agricultores, ganaderos, aficionados a la tauromaquia, silvestristas, criadores de animales y cetreros para reivindicar en Madrid un trato más justo a las actividades rurales.

Pudimos contar docenas de banderas de La Rioja que salpicaban la marcha entre la plaza de Carlos V y Nuevos Ministerios con cuadrillas de muchísimos pueblos de esta comunidad.

Más de 1.200 autobuses llevaron a la capital de España a los cazadores de todo el territorio nacional que llegaron también en otros medios de transporte públicos y privados. En las carreteras A1 y A2, los cazadores de La Rioja que viajaban en autobús –unas 2.000 personas según la Federación Riojana de Caza– coincidieron con otros que lo hacían en coches particulares desde todo el norte y noreste de España. El ambiente se iba haciendo patente antes de empezar la manifestación en todas las líneas de metro, bus urbano y por supuesto en un paseo de la Castellana y calles aledañas teñidas con los chalecos naranja flúor que distinguían a los cazadores. Impresionaba ver sobre el muro del Centro Cultural de la Villa de Madrid las banderas ondeando antes de que sus portadores se dirigieran al punto de inicio.

Mientras la delegación del Gobierno cifra en 100.000 el número de manifestantes, las organizaciones convocantes consideran este dato un insulto a la evidencia y lo elevan a medio millón e incluso a 800.000, una estimación independiente habla de unos 350.000 manifestantes.

cazadores manifestación 20M Madrid
Vista parcial de la manifestación del 20M Rural a su paso por la plaza de Colón

Sus banderas y pancartas reivindicativas se movían al sonido de cientos de cornetas y caracolas de rehaleros dando las voces del «¡ahí-con-él!» con las que suelen animar a sus perros en las batidas y monterías. Vimos a un conocido cazador alfareño que con casi 82 años de edad portaba incansablemente una gran pancarta.

Muchos vecinos de Madrid salieron a saludar a los manifestantes, algunos grupos aplaudían desde los jardines y aceras al paso de la marcha y un nutrido grupo de personas quiso ver el espectáculo desde el paso elevado de la calle Juan Bravo alentando a los manifestantes que al pasar bajo el puente redoblaban sus gritos y el sonido de sus bocinas.

Los teléfonos móviles transmitían datos con gran lentidud; seguramente debido a la avalancha de usuarios concentrados en la red de zona. Así, algunos no localizaron la ubicación de otros y algunos perdieron contacto con su grupo o no dieron con ellos debido al gentío.  Tampoco importaba mucho porque todos caminaban llevando un mismo mensaje y hablaban el mismo idioma aunque en una paleta de colores y acentos distintos: se oían todos los variados acentos de las regiones españolas: vascos, asturianos, gallegos, extremeños, andaluces… Hasta canarios. Mientras unos se perdían, otros se encontraban y compañeros de caza que no coincidían cazando hace tiempo se descubrían entre los manifestantes y se saludaban con efusividad.

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La pancarta enviada por la Federación Riojana de Caza con sus representantes

Los cazadores ante los ministerios de Agricultura y de Transición Ecológica pedían que se ajuste la caza a los daños en la agricultura, que se impida la esterilización de sus perros y todo aquello que dé como resultado la desaparición de las razas de caza, que no se restrinja el uso del plomo en la munición, que se permita la caza en parques nacionales, que se suspendan las capturas en esos parques con jaulas en las que los animales atrapados se hieren hasta morir y en definitiva que se reconozca la labor beneficiosa de la actividad cinegética y se abandonen las políticas ideológicas y sectarias contra la caza.

Los cazadores vivieron así una jornada de libertad y hermandad en la que no se produjo ni un solo altercado, ni un solo hecho vandálico o mínimamente destacable a pesar de que algunos cargos políticos ya habían denominado de «ultraderechistas» a los manifestantes.

No podemos pasar por alto la acogida del pueblo madrileño con los manifestantes a pesar de que una concentración de estas características trastoca la vida en una parte de la ciudad cortando una de sus principales arterias y causando muchas molestias. Sólo las filas de autobuses se han convertido en virales en las redes sociales. La gente de los pueblos de España encontramos en las calles, en los establecimientos hosteleros, en el metro y en los autobuses, trabajadores, policías y funcionarios dispuestos a ayudar en todo momento. Demostraron mucha paciencia y empatía.

 

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