Odile Rodríguez de la Fuente: “El mejor regalo que puede darte la vida no es un talento, sino una pasión”

La hija de Félix participó en la gala de homenaje a su padre organizada por Tierra Rapaz

homenaje Félix Rodríguez de la Fuente con Odile
Odile Rodríguez de la Fuente. Odile, tercera por la izquierda con amigos y autoridades en el Teatro Ideal

En una España desarrollista, muchísima gente del campo fue a trabajar a las ciudades y en tan solo una generación había olvidado sus orígenes. Félix –me ahorro los apellidos porque Félix no hay más que uno– se encargó a través de la radio y de televisión de revertir aquel distanciamiento y también de liquidar algunos mitos sobre los animales que existían en el mundo rural. Pero él hizo mucho más que eso; tanto que, concienciaciones aparte, sería imposible decirlo todo. Una pincelada como ejemplo: evitó que se las marismas de Doñana fueran desecadas. Y es que sin duda Félix Rodríguez de la Fuente es uno de los personajes más relevantes de la España del siglo XX y sin duda el más importante en siglos en lo que a conservación de la naturaleza se refiere.

Cuando Félix visitó Calahorra por primera vez –ya no recuerdo ni el año– yo era un chaval; uno más de los cientos de calagurritanos que acudió a escucharle en el Teatro Ideal. Desde la platea, lo vi descender presuroso el pasillo del patio de butacas en dirección al escenario, rodeado de mucha gente que lo aclamaba, con una sonrisa que marcaba sus acentuados surcos nasogenianos y su amplia frente despejada. Contemplar allí a todo el estrellato de Hollywood no me hubiera causado más impresión. Es curioso, pero tantos años después desde la misma platea, desde el mismo ángulo, veo a su hija Odile recorrer el mismo pasillo, con la misma sonrisa y es inevitable pensar que ella es el regalo que nos dejó Félix. Ella y la impronta que marcó en toda una generación.

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Mi amigo Pepe me cuenta que Odile Rodríguez de la Fuente era una chica pecosa que cuando iba a la playa de Santander atraía a los muchachos «como la miel a los moscones». El atractivo se mantiene y sin duda sirve bien a su labor de divulgadora tanto como sus palabras o la manera en que cuenta las cosas. Odile participó así en la gala de homenaje a su padre organizada por Tierra Rapaz dentro de las Jornadas de Historia y Naturaleza.

Pero en el escenario del Ideal, Odile trascendió el discurso nostálgico sobre su padre para hablarnos de nosotros; de el HOMBRE y de la Tierra y de cómo no es que los hombres podamos salvar la Tierra (cosa que tantas veces vemos en pancartas de manifestaciones) –porque la Tierra sin duda nos sobrevivirá– sino que es la Tierra la que nos puede salvar a nosotros.

El título de aquella serie de su padre –El hombre y la Tierra– no era casualidad y como buen visionario que era, Félix pareció situarse ya entonces a un lado del ecologismo actual que pretende sacar al ser humano de la ecuación de la naturaleza. Frente a la humanización de los animales Félix nos hablaba de una naturaleza que lleva al hombre cosido a ella. Por eso Félix tenía una mano tendida a lo científico y la otra tendida al humanismo, como también se dijo ayer.

«El animal más fascinante es el ser humano», decía Félix. En la adolescencia, en pleno descubrimiento de una naturaleza idealizada y tan refractario hacia todo lo humano, no entendí aquella frase. Como tampoco entendí a Jacques Cousteau decir que el animal en mayor peligro de extinción es el hombre. Ahora lo entiendo todo.

Odile Rodríguez de la Fuente
Odile Rodríguez de la Fuente

Odile habló de todo esto pero más que nada transmitió a los padres y a los hijos el mensaje de que “el mejor regalo que puede darte la vida no es un talento, sino una pasión”. Que el futuro está en ser fieles a lo que somos y que los niños –en un ambiente que parece complacerse en hacernos pasar miedo– han perdido una infancia y unas vivencias necesarias para crecer sanos, humildes pero seguros de sí mismos y de lo que son.

Nos sorprendió comprobar que la relación de Odile con la obra de su padre no era diferente de la que teníamos el resto de los españoles: correr por el pasillo para ir a sentarnos frente al televisor en cuanto oíamos la sintonía de Antón García Abril para «El Hombre y la Tierra». Un país entero frente a la gineta, el lirón, el lince ibérico, la anaconda… y el picado del «misil viviente».

Muchas de estas cosas que cuento ya las dijeron ayer los diferentes invitados a la gala y es bueno que así sea porque uno no muere mientras se tiene memoria de él.

✍🏽 Santiago Fernández Cascante

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