Víctor Manuel en Riojaforum. Para la ternura siempre hay tiempo

Víctor Manuel en Riojaforum. Foto: Chema Maestre

Siempre es un placer escuchar a Víctor Manuel, sus canciones son clásicos atemporales que seguramente nos traen un recuerdo a un momento de nuestras vidas, 50 años componiendo dan para mucho. La gira con la que nuevamente llegó a Riojaforum lleva por título “La vida en canciones (el escenario lo cura todo)», al igual que el álbum recientemente publicado y que hace un extenso recorrido por su reportorio, que no necesariamente tiene por qué ser lo mejor de él.

Víctor Manuel siempre ha tenido el don para observar a los personajes hasta el detalle y convertirlos en historias, algunas melancólicas, otras tristes, otras desde la ternura y en muchos casos, diría yo, que autobiográficas.

De ahí, en parte, nace la admiración hacía este cantautor que genera todo mi respeto por su compromiso tanto social como humano y es capaz de emocionar con canciones que hablan del amor de dos discapacitados (Solo pienso en ti), de su abuelo (El abuelo Vítor), de su padre (El hijo del ferroviario), de su madre (La romería) de la mitología asturiana (La Sirena) y hasta de escribir canciones a su hija, celoso como padre cuando le preguntó, ya de mayor, si había escrito alguna canción sobre ella (Nada nuevo bajo el sol). Todas ellas interpretadas en un concierto de casi dos horas y media, con saltos en el tiempo y con anécdotas, ya en algunos casos conocidas, que fue intercalando junto con la presentación de la banda, que sonó compacta, muchos ya viejos conocidos de sus seguidores, y que salió del paso en una equivocación en la interpretación de “La planta 14” con toda naturalidad.

digitalízate banner alargado

No faltaron tampoco sus canciones más comprometidas (El Cobarde, La Planta 14), las del recuerdo de su tierra (Alla arriba al norte, Asturias), y otras que destacaron sobremanera como “Luna”, ese reggae que todas las noches de luna llena no puedo evitar escuchar asomado a mi ventana, “Soy un corazón tendido al sol”, “Bailarina” o “Nada sabe tan dulce como su boca” (se puede decir más alto, pero no más claro).

También tuvo tiempo para las que denominó su “canciones desgraciadas”, esas que han pasado con más pena que gloria y que el colectivo general en muchos casos desconoce pero que el autor no puede ignorar porque en el fondo todas son hijas suyas.  Hubo otra parte, que denominó acústica, pero que en realidad fue con menos instrumentación.

En resumen, un concierto ágil y emotivo, en el que se pudo disfrutar de un Víctor Manuel pletórico, con un repertorio muy variopinto pero ameno que sin duda hizo disfrutar al público que ya hacía semanas había dejado al auditorio sin entradas y es que, para la ternura siempre hay tiempo.

Texto y Fotos: Chema Maestre